miércoles, 13 de marzo de 2013

Dos miradas bastaron


Dos miradas bastaron.
Siempre me había cuestionado el  porqué a mí,  la verdad no lo entendía. Desde muy niña sufrí golpes y malos tratos hacia mi persona por parte de mis padres y de mi hermana la mayor,  golpes que me llevaron a salir de casa a muy temprana edad sin pensar lo que sucedería ; el querer formar mi propia familia a muy temprana edad me llevo a cometer el segundo  error  que me costaría en muchas de la ocasiones estar  el borde de perder la vida, simplemente me arme de valor y le dije adiós a la persona que por tantos años me dañado el alma , mi cuerpo y hasta el auto estima, en ese momento lo único que me daba valor y fuerzas de salir adelante eran mis pequeños.
Durante el primer año viví con temor, mismo que tuve que ir superando sola, aunque, he de reconocer que como persona me hizo más fuerte y segura de mi , jurando y perjurando no volver a amar, es  así como comienza mi historia de amor.
El primero día 1 de noviembre de 1994 siendo las 7:45 del la mañana  me trasladaba de mi casa al trabajo, dicho empleo se encontraba ubicado en la Av. Fray Servando Teresa de Mier y eje tres, todos los días era mi trayecto de rutina, tenia bien medidos mis tiempos y mis movimientos como un reloj sincronizado hasta que ese día……el conductor del microbús me dice:
-Señorita hasta aquí llego
-Pero cómo
-sí, nos acaban de cerrar la avenida
-Lentamente desciendo los escalones del transporte con temor de no caerme por portar tremendo zapatos y me digo a mi misma:
-solo eso me faltaba, pero no eso no era lo único de pronto yo parada en el camellón pensando cómo hacer para poder llegar a mi empleo pasa un transportista a toda velocidad y me deja no mojada, empapada.
Sin más que hacer cruzo la Avenida y comienzo a caminar por  la Calle de Fray Servando que se encontraba cerrada desde la Delegación Venustiano Carranza y todo Eje tres , bueno ya con los ánimos por el suelo me hago a la idea de lo que tengo y caminar , pues no hay otra opción, de pronto pasa junto a mí un corcel blanco que relincha una y otra vez y me incita a  voltear, era ese príncipe azul que me llevaría a buen puerto , de verdad no lo pensé me subí en su corcel , el tiempo fue corto su mirada y la mía bastaron un par de minutos para saber que éramos el uno para el otro y así termina una historia, una historia de vida donde una mujer común y corriente piensa que en esta vida siempre hay por qué y por quien vivir.

Atte. Eloisa Ramírez Cazares

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El conocimiento nos hace libres

El motivo de esté blogger es el uso pegagógico que se le da al mismo sin fines de lucro.