El eterno adiós del abuelo
Cuando era pequeña mi padre solía llevarnos de vacaciones a Michoacán para visitar a los abuelos, el trayecto se hacía en tren, que duraba aproximadamente ocho horas, al llegar a la estación mi abuelo acostumbraba recibirnos, y lo hacía de una manera muy peculiar, sentado en cuclillas y con la cabeza gacha.
El silbido del tren anunciaba a sus pasajeros que estábamos llegando a nuestro destino, yo miraba por la ventana, como aquel que mira una película de largometraje , mis ojos hacían movimientos rápidos en forma vertical de izquierda a derecha y viceversa, observando las pequeñas casas de adobe , la naturaleza, entre otros ,mis ojos hacían los movimientos cada vez más lentos mientras el tren se detenía, al igual que mi mirada ,fijaba su vista en un hombre alto de complexión delgada, que se levantaba lentamente ,al igual que su mirada para fijar sus ojos en mi y no perderme de vista, mientras el tren detenía su paso por completo. Al descender el tren mi abuelo me recibía con un gran abrazo y un beso eterno que rozaba mis mejillas con su barba.
Los días siguientes todo era fiesta en casa del los abuelos, toda la familia de mi madre se reunía para celebrar la navidad, la cena era muy especial, ya que mis abuelos mataban puerco y hacían carnitas, la bebida tradicional era la charanda, decían que para hacer estomago, a los pequeños se les daba agua de arroz. Los días transcurrían con rapidez, hasta que llegaba la hora de regresar a casa, el llanto de la abuela y las bendiciones nunca faltaban.
Mi abuelo nos acompañaba a la estación del tren, nos dotaba de portaviandas para el viaje. la despedida era difícil, mi madre lloraba , mi padre le daba un fuerte abrazo y a mí me llenaba de besos , los últimos besos que tendría del abuelo, la última mirada, la última palabra seria para mi, para su flaca como solía llamarme.
Un año después mi padre perdió el empleo y fue imposible visitar a los abuelos, tiempo después mi abuelo enfermo de cáncer, sin que yo supiera, porque mi madre guardaba celosamente lo que le sucedía a su padre, un año después murió mi abuelo, lo que me fue imposible ir a verlo, ahora que ha pasado el tiempo recuerdo su voz melodiosa, sus besos amorosos, su eterno adiós, el último día que nos despedimos, el eterno adiós del abuelo.
(Eloisa)